Algo muy curioso que suelo ver día a día es la mala definición que ha otorgado el ser humano a estas tres sencillas palabras:
- Querer
- Poder
- Deber
Querer: Corazón
Poder: Consciencia
Deber: Conciencia
La consciencia es nuestro orgullo y nuestro afán de superarnos, y es que todo lo podemos hacer (un todo relativo). Sin embargo es vencido por el corazón, pues por mucho que yo pueda realizar algo puedo no quererlo. El querer nos guía por la senda de la vida y nuestro corazón es el impulso que nos da libertad de hacerlo, pero aun así el corazón no es el que lleva las riendas de nuestra vida sino la conciencia, que es la que nos indica cual es el mejor camino para nuestra vida rigiéndose por las leyes del Universo y leyes éticas.
Querer y poder son dos hermanas gemelas, es decir, se parecen pero son totalmente diferentes cada una de ellas. Se necesitan unas de otras para no tropezar dos veces sobre la misma piedra aunque a veces una tira más fuerte que la otra y acabas por caerte o darte contra la pared. Y para que estas hermanas convivan en armonía han de establecer unas reglas a la que llamaremos: ÉTICA Y MORAL. Y estas reglas las impone su madre Conciencia (Deber)
Cuando el ser humano tiene una necesidad en la que coinciden estas dos hermanas, esa necesidad al que le llamaremos "deseo" se cumplirá satisfactoriamente, pero eso es algo que no es nada habitual en la actualidad.
Lo normal es que nuestro corazón (querer) nos acelere en la vida y la consciencia (poder) nos frene en ocasiones y nos encontramos en situaciones de tira y floja. Aquí es cuando la madre (deber) impone sus leyes y sus hijas han de callar y obedecer.
Pero como todo hijo del mundo, en ocasiones desobedecer a la madre puede conllevar a frases como "No debería haberlo hecho". Aunque si es verdad que en ocasiones dan buenos resultados pero de poca duración de felicidad.
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"Y hasta aquí puede leer"
gK.
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